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Los Reyes Magos

Una de las tradiciones más bellas y llenas de ilusión que ha aportado el cristianismo es la que gira alrededor de estos personajes que podemos llamar míticos, ya que la base documental que a ellos se refiere es muy escasa. Pero a pesar de ello, ha existido una elaboración y consolidación de su personalidad de gran trascendencia en la religión, el arte y la sociedad.


De los evangelistas, sólo MATEO refiere la llegada a Jerusalén de los Magos procedentes de Oriente guiados por una estrella, que ya en la ciudad preguntan acerca del rey de los judíos que ha nacido y al que quieren honrar; sigue relatando el evangelista que el Rey Herodes, (Herodes el Grande, según han determinado los historiadores) sorprendido por esta visita, convocó a los príncipes de los sacerdotes y a los escribas y les preguntó en dónde, según las escrituras, debía de nacer el Mesías. Ellos le dijeron que en Belén de Judá.
Así asesorado, el rey Herodes llamó a los Magos y después de averiguar cuidadosamente cuando se les había aparecido la estrella, les dijo que fueran a ver al niño y se informasen de todo lo relativo a é, y que luego volvieran a decírselo para que él pudiera ir a adorarle.
Cuando emprendieron el camino de Belén, volvieron a ver la estrella que les condujo finalmente a la casa donde estaban Jesús y su madre María; ellos le adoraron, y abriendo sus cofres, le ofrecieron como presentes oro, incienso y mirra. (Estos regalos encierran un simbolismo: oro como rey, incienso como Dios y mirra como hombre).
Pero los Magos avisados en sueños por un mensajero celestial evitaron un nuevo encuentro con Herodes y volvieron a su tierra por otro camino. Herodes viéndose burlado mandó matar a todos los niños de Belén y su comarca de dos años hacia abajo, ajustando la orden al tiempo de la aparición de la estrella, dato que había averiguado en su conversación con los Magos.
Este es el documento que poseemos más cercano a los acontecimientos reales, naturalmente fue escrito con posterioridad a la muerte de Jesús y Mateo, no fue testigo ocular de los hechos que relata, aunque podemos suponer que la madre de Jesús pudo informarle.
A pesar de que en la iconografía cristiana, la Adoración de los Reyes se representa en el portal de Belén con el niño Jesús recién nacido, del relato evangélico se desprende que llegaron cuando éste tenía casi dos años y por eso Herodes, al no poderlo identificar, mandó que fueran sacrificados todos los niños de esa edad hacia abajo. De todas formas la información que aporta el evangelista es escasa y poco concreta; del análisis del texto es imposible deducir el nombre, titulación, procedencia y número de los magos venidos de Oriente.
El evangelista relata que unos Magos venidos de Oriente buscan al rey de los judíos, pero nunca dice que fueran Reyes.
La palabra mago equivale a sabio en griego, por otra parte, también en Persia, los sacerdotes de Zoroastro reciben el nombre de magu. Los sacerdotes de las regiones mesopotámicas se dedicaban a la astrología-astronomía y desde la terraza más elevada de sus zigurats (templos) observaban la bóveda celeste y el curso de los astros, tratando de relacionarlos con los asuntos humanos. Los judíos que habían sufrido cautividad en Babilonia, conocían estas características y quizás esa fue la razón por la que Mateo les llamó magos.
En los primeros siglos del cristianismo la palabra mago se asoció a prácticas de hechicería y por lo tanto adquirió un tinte peyorativo y herético dando lugar a que se cambiara la denominación de Magos de Oriente por la de Reyes de Oriente y finalmente en Reyes Magos.
En cuanto a su número actualmente se acepta el de tres teniendo en cuenta que ofrecieron tres regalos, pero en Siria se creía que eran doce, incluso en la tradición copta se eleva su número a sesenta.
En el siglo IV, Orígenes, un escritor cristiano, fija el número en tres y esta cifra es ratificada en el siglo V por el Papa San León, que habla de ellos como si hubiesen existido realmente.
En el siglo IX en el Liber Pontificalis de Rávena se les da los nombres de Bithisarea, Melichior y Gathaspa.
Veda el Venerable recogió esta denominación y puntualizó su aspecto, diciendo que Melchor era un anciano, de larga barba y cabellera blanca, Gaspar, joven e imberbe y Baltasar de tez morena, pero a pesar de esta puntualización, ninguno de ellos era negro, según la tradición eran originarios de Babilonia o Persia, donde no existían hombres de raza negra.
Pero a partir del siglo XV, se les quiso dar un carácter más universal y que simbolizaran las razas humanas admitidas en la antigüedad ( ya prefiguradas por los tres hijos de Noé: Sem, Cam y Jafet) o sea Europa, Asia y África.
Otros muchos datos están todavía en tela de juicio, como la existencia de la estrella o el lugar donde reposan sus restos, pero aunque se siga investigando, para delimitar cada vez mejor su realidad histórica, su existencia está asegurada en el corazón de los niños, que sueñan con sus regalos y les escriben deliciosas cartas excusándose por sus travesuras y prometiendo enmienda para hacerse acreedores de los reales favores.

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